La presentación de un personaje (II)

“No tiene sentido tener imágenes brillantes cuando tienes ideas borrosas”.

 

        Jean Luc Godard

 

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RUMBLE FISH – 1983 (Susan Hinton y Francis Coppola)

 Cuando empecé a leer libros sobre escritura de guiones, tuve la fortuna de dar con los libros de Syd Field, que hace unos años eran prácticamente los únicos que existían publicados en España.

En ellos, al hablar sobre la presentación del personaje central, insistía machaconamente en que no lo puedes hacer como te dé la gana. Has de presentarlo cuanto antes, y hacer que la historia bascule sobre él.

 Ok. En la anterior entrada, La presentación de un personaje, ya hablamos sobre cómo el personaje es presentado en la primeras páginas en “Regreso al Futuro”.

Es una película donde arrancamos con el personaje, y le seguimos. En cada escena está presente. Incluso cuando aparentemente no es el protagonista de la misma. No falta en ni una. Es lógico, que alguien pueda preguntarse…¿siempre funciona así?

Veámos un ejemplo opuesto.

Francis Ford Coppola, el guionista y director de cine norteamericano ha hecho a lo largo de los años varias películas excelentes. “El Padrino I y II”, “La Conversación”, “Apocalypse Now”, “Tucker, un hombre y su sueño”.

Utilicemos para el tema que nos ocupa en esta entrada, la película “Rumble Fish”, aquí en España traducida como “La ley de la calle”.

Los guionistas (Susan Hinton y el propio Coppola) van a presentar a Rusty James (Matt Dillon) el personaje principal. Ellos ya saben que van a utilizar una serie de escenas y secuencias para presentarlo. En ellas, además, presentarán también a sus amigos y a su novia, fundamentales para la historia.

Bien, ok. Hasta aquí todo normal.

Pero hay un personaje, “El chico de la Moto”, interpretado por Mickey Rourke, que es absolutamente fundamental. Es el hermano mayor de Rusty. Y toda la historia girará en la influencia que aquel va a tener sobre éste último.

“El chico de la Moto” es una leyenda viva, un héroe de la época de la lucha  entre bandas, época que está muriendo, aunque algunos, como Rusty, se nieguen a tomar consciencia. Nadie sabe dónde está, ni lo que está haciendo realmente. Y más importante, si va a volver algún día.

Ok. ¿Cómo pueden presentar todo esto los guionistas?

Podrían presentar a Rusty y sus amiguetes en su universo particular, tratando de acordar peleas, por ejemplo, y al mismo tiempo mostrar lo que Mickey Rourke está haciendo en otro sitio. ¿Por qué no? No tendría nada de malo.

Pero lo que hacen es más ambicioso. Vamos a verlo.

¿Qué vemos en las primeras imágenes de esta película? Varias pintadas en las paredes y en señales de tráfico: “El chico de la Moto reiña”.

Luego vemos a Larry Fishburne, “El enano”, que, elegantemente vestido de blanco, entra en un bar, regentado por Tom Waits.

Allí está Rusty James (Matt Dillon), jugando al billar. Un chico aún muy joven, que se pasa el día haciéndose el duro, tratando de emular a su hermano, en su día el amo de las peleas entre bandas de la ciudad. Una época que ya pasó, pero Rusty se niega a aceptarlo.

Rusty está acompañado por toda su tropa de amiguetes, “Smokey” (Nicolas Cage), Steve (Vincent Spano) y Jackson (Chris Penn, antes de que se hiciese muy popular gracias a “Reservoir Dogs”). Ellos son los chicos más bestias del barrio. Menos Steve, el único con un dedo de frente.

En esta escena, la primera, tal cual entra “El enano” en el bar deja caer una bomba. “Biff te está buscando. Dice que va a matarte”. Rusty ni se inmuta. “A las diez esta noche, te espera”, añade “El enano”.

Los chicos empiezan a planear cómo será la pelea de esta noche. La conversación va subiendo de tono e intensidad, a base de gritos, palabrotas y demás muestras de hombría. Pero el clímax de la misma viene cuando “Smokey” y Steve, para sorpresa de Rusty, preguntan qué pasaría si su hermano apareciese de repente y le viese peleando.

Rusty estalla. Grita y pega un puñetazo en la mesa. Parece como poseído de la rabia. Ni ha movido una ceja al saber que Biff quiere matarle, pero al oír mencionar a su hermano, por poco quema el local.

Salen del local con los ánimos más calmados y habiendo acordado todos que irán a la pelea con Rusty.

Éste vuelve a casa. Steve, quien es realmente su mejor amigo, a pesar de ser el más miedica, va con él. Rusty está callado y muy triste. Steve le pregunta por su hermano. Rusty ahora no se enfada. Con Steve no tiene que hacerse el duro. Pero no quiere hablar del tema. Y la verdad, no hace falta que lo haga.

Luego Rusty hace una visita a su chica, Patty, (Diane Lane). Está con ella un rato. Se lo pasa bien. Y luego se queda dormido. Pasan los minutos y la chica, enfadada, le despierta. Rusty se da cuenta  de que son casi las diez y tiene que ir a la pelea con Biff. Se levanta contrariado, va a la nevera, abre una lata de cerveza, se bebe un trago, eructa, y sale de la casa, directo al asunto.

Al salir, Patty sale detrás de él y llega el clímax de toda esta secuencia. Le recrimina que esté obsesionado con seguir los pasos de su hermano. Rusty se pone serio, “mi hermano es listo”, dice él. “Pero tú también eres listo, y cariñoso”, replica ella, casi entre lágrimas.

Otra vez su hermano, y otra vez en el clímax.

Y ahora la gran pelea.

Rusty llega. Aquello parece como si fuese una antigua zona de subterráneos abandonada, al lado de unas vías del tren. Nada recomendable de noche. Sólo para gente como ellos. Allí sólo hay basura, mendigos durmiendo o yonkees. Sus amiguetes del bar están allí, y han logrado reunir a más chicos.

Entran allí.

Caminan durante varios segundos, que parecen una eternidad, y cuando parece que allí no hay nadie, el fuerte sonido de un tren aparece en escena llenando la pantalla, y con él, Biff y su banda de matones, aparecen. Está claro que vienen a por todas.

Biff toma la iniciativa. Se pone delante de Rusty, tratando de intimidarle, mientras sus seguidores le jalean. Smokey avisa a Rusty, “cuidado, está drogado”. Eso le enciende. Las drogas acabaron con las bandas.

Rusty no se arruga y empieza una pelea antológica, brillantemente filmada. La tensión, de la mano de la potente banda sonora de Stewart Copeland, va en aumento sin parar.

Después gritos y golpes, y de cristales rotos por el suelo, y toda una sucesión de cabriolas, Rusty ha logrado derribar a su enemigo y dejarlo grogui en el suelo, muy cerca de las vías. Sus amigos le están jaleando como a un héroe mítico, mientras Rusty sigue sacudiendo a Biff de lo lindo en el suelo.

Los gritos, y la banda sonora, son ensordecedores. En ningún otro momento del film se oirán igual. Pues bien, justo en ese momento…

…un suave ruido se hace un hueco entre tanto jaleo, es el de una motocicleta…

…que llega y se para.

Todos, del primero al último, se callan de golpe. Ya no más gritos, ni más música. Nadie se mueve. Nadie pregunta nada.

“El chico de la Moto” está allí.

Ha parado su motocicleta. Sonríe y mira a todos aquellos chicos duros como si fuesen niños pequeños asustados. Al abrir la boca, algo llama nuestra atención. Si durante todos estos minutos todos los hombres hablan a gritos, de una manera agresiva y ansiosa, él es todo lo opuesto.

Habla muy bajito, casi ni se le oye. Ni una palabra más alta que otra. Ni nada de gestos bruscos ni ostentosos para la galería.

“¿Qué es esto, otra batalla por el reino?”, dice.

Rusty, en ese momento, deja de golpear a Biff, medio inconsciente en el suelo, levanta la cabeza y ve quién está hablando. Su hermano. Ha vuelto.

“¿Pensaba que habíamos hecho un trato?” dice “El chico de la Moto”.

Y antes de que Rusty conteste, Biff, al que parecía que sólo le faltaba morir, hace un último esfuerzo, y casi en un único movimiento se saca un trozo de cristal del interior de la chaqueta, se levanta y, antes de que ninguno de los chicos pueda hacer nada, raja a Rusty en la barriga, que empieza a sangrar profusamente.

Todos empiezan a gritar otra vez, histéricos. Todos menos “El chico de la Moto”.

Biff intenta huir, andando como puede, ciego de droga, ensangrentado y malherido por la paliza que acaba de recibir de Rusty. Apenas acierta a dar dos pasos seguidos. Pero le quedan aún fuerzas para chulear y gritar: “Rusty James, estás muerto”.

“El chico de la Moto” no se altera. Entre los chicos se acerca a Biff con su motocicleta. Pero se para a unos metros de él, y da gas a su moto, sin llegar a arrancarla. Y cuando lo tiene a tiro, la deja ir y ésta impacta de lleno contra él, que salta por los aires.

Una presentación de un personaje fantástica.

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¿Cómo lo han hecho?

“El chico de la Moto” no aparece en pantalla en ningún momento, ni un solo segundo. Es un personaje mítico. Por lo tanto, hay que darle misterio. En la mente del espectador las preguntas han de asaltar una y otra vez “¿quién es este tío, qué pasa con él?”.

Pero al mismo tiempo hay que darle importancia. Uf, misterio, pero importancia a la vez. Parece contradictorio a primera vista. No tiene por qué serlo. Y los guionistas lo resuelven muy bien.

Lo primero que vemos, como hemos indicado antes, son pintadas en las calles “El chico de la Moto es el rey”. Pero luego no aparece hasta el minuto 16 de la película, aunque no paran de hablar de él. Pero no se sientan en un banco y empiezan a soltar tonterías sobre su vida. No.

Hacen lo contrario.

Rusty James trata de luchar contra su ausencia. Intenta ignorar el hecho de que ya no está allí. Trata de hacer su vida. Pero el resto de personas, Smokey, Steve, y Patty, no hacen otra cosa que hablarle de él.

Y en cada una de las secuencias, el clímax de las mismas es algo relacionado con “El chico de la Moto”. De lo que significa realmente en su vida para Rusty. Ese es el clímax de todas. Y no otra cosa.

Y cuando aparece ¿cómo lo hace? Marcando un contraste enorme con el resto de personajes, con todo su entorno. Es la antítesis de lo que hemos visto hasta ese momento.

No grita, no berrea, casi ni habla de hecho, no gesticula gratuitamente, no hace aspavientos, no es agresivo si no tiene que serlo. Es calmado y hasta cariñoso. Piensa y recapacita.

Por eso es el Rey.

Un ejemplo estupendo de cómo presentar un personaje sin mostrarlo y en contraste con otros, al mismo tiempo.

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“Dame un buen guión y seré cien veces un mejor director”

 

            George Cukor

2 comentarios en “La presentación de un personaje (II)

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